domingo, 16 de enero de 2022

EN MENOR TIEMPO NO TENDREMOS AGUA #roridu2000

 

#roridu2000



Por Rodrigo Rieder Durán

-Este escrito solo se refiere a una parte del departamento del Cesar, pero todo el continente está igual…

Mucho se habla sobre ecología, pero nada se hace, con los ríos se especula y con nostalgia se recuerdan los cauces que en tiempos pasados fueron caudalosos, tenían bañaderos muy bonitos y estaban repletos de peces.

En Codazzi el Magiriaimo ha sido maltratado y nadie dice ahora nada; igual la Buturama en Aguachica, El Maracas en Becerril, el Tucuy en la Jagua de Ibirico o la Mula en Chiriguaná.

Todos esos cauces están agotados. Pero nos duele mucho los ríos Cesar y Guatapurí, este último lo favorece que tiene un recorrido bien corto, pero el río Cesar debe darnos pena.

Habito muy cerca al cauce, el agua es achocolatada y Enel mes de febrero a principios de marzo, s puede cruzar a pie, no hay peces ni siquiera cuando crece un poco,

Los nativos todavía desean pescar acá pero el aburrimiento y el esfuerzo ni siquiera les hace reconocer que ellos mismos han acabado con ese cauce que genera el nombre de nuestro departamento- Los volteos areneros excavan sin comparación y con afán el lecho ante el beneplácito inclusive de sus Consejos comunitarios en Guacoche, Guacochito Corpoguajira y Corpocesar.

PORQUE LLEGA A MI MENTE ESTA REFLEXION

Esa tarde en sol como siempre estaba canicular, caminé por un sendero lleno de huecos dejados por las volquetas que salen cargadas de arena del lecho del rio Cesar, unas pilas de basura estaban en unos potreros que dejaban ver su resequedad, unas garzas volaban con pereza y varios carraos deban sus gritos de hambre ante lo desolado de la rivera.

En medio de lo que con abundante agua podría ser un recodo lleno de remolinos, ahora era una curva reseca con verdín donde sobresalían unas ramas secas donde estaba parado un gallito de ciénaga mirando la maloliente agua caliente dende parecía un estanque olvidado, pues no se veía correr, parecía como si el rio Cesar se había detenido.

Un portón de madera señalaba la propiedad privada y unos barrancos d tierra seca entorpecían la bajada a pie hacia el cauce. Al otro lado está el departamento de la Guajira; Guacochito es uno de los corregimientos de Valledupar en el Cesar que colinda con esa importante región del país, me fui hacia delante y entre breñales me abrí paso y llegué a la orilla mirando con detenimiento lo que parecía una mala sopa, no tan solo por lo caliente; igual el olor desagradable daba la sensación de un mal cocido realizado con carne podrida.

Me senté en el suelo aguantando el mal momento y sitio, el sol estaba ardiente y me puso a pensar en mis bañadas en el pozo “Siderio” en el Magiriaimo de Codazzi o, en el otro pozo en Medellín a pocos metros de San Ramón en mi propia tierra; allá tampoco el panorama está sin esperanza, han o están acabando con ese cause; me da dolor el Magiriaimo.

Hice rayitas en el suelo mientras un gallinazo sobrevolaba buscando que comer o engañado por el hedor del espejo de agua y, volví a conectar la mente con los cauces; me acordé de “La Mula” en Chiriguaná.  Allí tuve una experiencia dolorosa, esa vez había un cadáver de perro flotando en la superficie en un lugar arriba donde se hacía toma de agua para beber. El cauce seco ya no mostraba los pececitos de colas color naranja que en tiempos pasados se dejaban ver desde la orilla.

Estaba sudando y las gotas salían de mi frente a chorritos que luego comparé con el poco volumen de agua de la quebrada “Buturama” en Aguachica; “si acá llueve, por allá no escampa” y, así sucesivamente; creo que no llegaré a ver eso, pero nuestra región pronto estará sin agua.

Al regresar detecté a un grupo de jóvenes asusando  a una jauría de perros criollos sobre unas iguanas que subían a un árbol (campano) con desespero, uno de ellos trepó arriba para mover las ramas y atrapar así al pequeño saurio; puf cayó y enseguida los perros la cogieron con furia, entonces entra uno de los muchachos corriendo a quitarle la presa a los perros.

Debí guardar silencio para no alarmar a los jóvenes que gritando de alegría echaron en un costal, la iguana recién atrapada y que en unas horas estaría en los platos de sus comidas, me atacó una real tristeza que llegué a prometerme no salir nuevamente a mirar la maltratada naturaleza que siempre he amado.

Miré el cielo y me dije; “El Señor me ha dado la tierra para que pudiese disfrutar de lo hermoso de la flora y la fauna. Es momento de saber valorar lo que tenemos, el deber de cuidarla al detalle para que permanezca con el tiempo y también sea un lujo para nuestros descendientes”.

 

¿Pero que puedo hacer Dios mío?

 

¿Si alguien puede ayudarme a hacer algo, por favor escríbame a;

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