domingo, 16 de enero de 2022

EN CODAZZI TAMBIEN HAY ESTRELLAS Y PERSONAJES

#roridu2000


*Rosa Arias Mendoza, la reina de las mochilas

Poe Rodrigo Rieder

 Hay personajes que marcan historia en ciudades, países, departamentos, municipios regiones y poblaciones. Ayer me escribió por correo electrónico un lector que no conozco personalmente desde Suiza, se refirió a los escritos que publico periódicamente en las redes sociales; estaba fascinado y me sugirió el traslado a una ciudad prospera donde abundara el arte, la literatura y la musicalidad.

Agradecí sus piropos y halagos en una repuesta macondiana que adelante publicaré. Entre la sugerencia me hablo sobre la modernidad como tema que yo podría abordar y tener éxito con base en la facilidad que, según él, tengo para retratar con letras la vida, los paisajes, la música y la naturaleza; he guardado silencio hasta hora.

Según Pierre Spink, así se llama el lector; obtendría un éxito mundial si esbozara temas, personajes, lugares y cosas famosas de ciudades como Berna, Zúrich, París Londres y demás. He pensado mucho en ello y ya estoy frente al teclado.

Esa tarde llegué cansado y me recosté en una butaca de varias tablitas pintadas en vivos colores, Efer y Abdu dos de mis hijos trataban de zafar los cordones de mis zapatos ante una soledad que dejaba escuchar el silencio en el barrio Dongón de Valledupar. Deseaban que les diera un maletín para llevar los libros a las clases de bachillerato que recibían en el Colegio Loperena.

En la soledad compartida entre los tres, miramos un par de mochilas que estaban sobre un tabique rosado construido con madeflex y con las miradas interpretaron mi señalamiento. A la mañana siguiente salieron con las mochilas terciadas sobre sus hombros orgullosos por ser elementos tejidos por kankuamos en Atánquez, corregimiento de Valledupar.

Hacía unos días había ido a Codazzi, mi tierra; esa tarde estaba visitando a un inolvidable profesor de la primaria; Emel Marshal Durán; quien en ese momento residía en al sector de Los Laureles; de pronto una fina figura de mujer entró sigilosamente por el patio y cerró el portón con una delicadeza similar a la finura con que posaba los pies sobre el suelo.

Su caminar daba la apariencia de que a cada paso acariciaba el piso y una angelical sonrisa repartía a los que la recibimos; se descalzó del hombro una mochila con dibujos que parecían figuras romanas y me la ofreció en venta. Nos entretuvimos degustando un café y repasando la veintena de mochilas que la señora Rosa Arias pasaba de sus suaves manos y con voz melodiosa y suave pronunciaba mi nombre recortado “Guigo esta es hermosa”, le recibí una y otra hasta que elegí dos.

Rosa Aria había llegado años atrás a Codazzi desde Atánquez, traída por un hermano llegó con sus hijos y se estableció por el sector de los Laureles y siempre fue símbolo de amor y gratitud con sus familiares y amigos; conocía Ton, Rita. El Chiche y la Nena (Carmen Elena), ella siempre hizo las arepas asadas mas suaves que he conocido y sus sancochos tenían un tinte que nunca he logrado como cocinero de sopas.

Esos tiempos eran hermosos en Codazzi con su bonanza algodonera con comerciantes de buenas mercancías como Ernesto Scarpetta y su Almacén Gales, Arturo Rueda Iguera y su “Buen Gusto” Rodolfo Gutiérrez y sus “Muebles Amanda” Yudex Rixcala y su Almacén Central, o “Las Quince Letras de Lucho Argote o La Yunde.

Por esos lugares no se hacia extraño encontrarla; doña Rosa era una mujer de respeto, buena y trabajadora. Guardaba silencio cuando alguien hablaba y no interrumpía, el fino pelo lacio caía juiciosamente sobre su espalda en una cola larga y recostada, las palabras de su boca salían con mucho cuidado como si quisiera acariciar el viento y la dulce sonrisa que se dibujaba en el rostro, se parecía a la sonrisa de la Divina Pastora.

Una tarde tuve un accidente conduciendo una renoleta de Pachin Escalona y llegué a su patio para guardarla mientras conseguía a Goyo el latonero; llegó doña Rosa y se sentó a mi lado, reparaba mi cuerpo de pies a cabeza tratando de encontrar algún rasguño en mi cuerpo, la camisa estaba rota en una manga, entonces me trajo una franela y me la dio para entrar a coser la avería, luego me entregó una bebida de valeriana para los nervios y me consoló ante la momentánea, aparente y leve desgracia que había producido; de ahí salí fortalecido.

Como no voy a escribir sobre mis personajes?. A ellos los escogen mi corazón, mis sentimientos, la vida y los recuerdos gratos que llegan entre la brisa y se mantienen en el tiempo circulando por la mente.

Pierre Spink, mi amigo virtual suizo tiene razón, si escribiera sobre la torre de Pisa, el Ródano o el Rin; estos ríos para mi no tendrían para mí el contenido real, romántico, melancolico y macondiano que tienen el Magiriaimo o el río Guatapurí.

Bueno, dejé eso ahí y me puse a recordar personajes de mi tierra en aquellos tiempos de motas blancas, comisariatos, trochas enfangadas, avionetas fumigadora volando desde temprano sobre el pueblo con el ruido fuerte de sus motores; o los mecánicos como Rafael Ayazo, Azael Bedoya, Pedro Otalora; igual recordé a Hernán Charrys y su Ferretería Chasán, a Lucho Martínez atendiendo con Nino Gutiérrez en Eternit, a Marcos  y sus licuadoras batiendo el delicio Milo que igual hacía Pedro López cerca al puente de Los Varados. Lugares y sitios como los que habían en la palizada, Vedecia, Llerasca, Casacará o la Serranía de Perijá; ahhh mi Codazzi. Todo eso lo trajo a mi mente, esa viejecita hermosa que recuerdo con profundo amor llamada Rosa Arias (Q: E:P:D😊.

 

 

 

 

 

  

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