lunes, 21 de noviembre de 2022

LAS MASACRES AHORA NO TIENEN RESPONSABLES


El pico más alto de masacres en Colombia en 2022 se registró durante los primeros 100 días del mandato del actual presidente de Colombia, Gustavo Petro. Además, las cifras oficiales mostrarían un subregistro de homicidios colectivos, con respecto a los datos que ha recabado la sociedad civil. Esas son algunas de las conclusiones a las que llegó la Fundación Paz y Reconciliación (Pares) en su informe de gestión sobre el arranque del nuevo periodo presidencial.LAS MASACRES AHORA NO TIENEN RESPONSABLES

El pico más alto de masacres en Colombia en 2022 se registró durante los primeros 100 días del mandato del actual presidente de Colombia, Gustavo Petro. Además, las cifras oficiales mostrarían un subregistro de homicidios colectivos, con respecto a los datos que ha recabado la sociedad civil. Esas son algunas de las conclusiones a las que llegó la Fundación Paz y Reconciliación (Pares) en su informe de gestión sobre el arranque del nuevo periodo presidencial.

Según el reporte de “Pares”, entre el 7 de agosto —fecha de la posesión de Petro— y el 27 de octubre ocurrieron 32 masacres, mientras que el Ministerio de Defensa apenas llevaba 25 en su cuenta. En agosto ocurrió el pico de masacres más altas de este periodo: 16 casos.

Los departamentos con más casos fueron Cauca y (cuatro casos), Bolívar Bogotá (tres casos respectivamente). En total, hubo masacres en 14 de los 32 departamentos del territorio nacional y las zonas más vulnerables fueron las de costa y frontera.

Además, el número de casos y víctimas de masacres y desplazamientos forzados también va en aumento. En el caso de los confinamientos forzados, el número disminuyó a nivel nacional pero está concentrado —y en aumento— en tres departamentos, principalmente en regiones habitadas por poblaciones indígenas y afrocolombianas.

Para “Pares”, la situación de violencia en estos primeros meses de Petro no habría cambiado mucho en los territorios. En general, señaló el informe, “ninguna de las experiencias previas de sometimiento a la justicia, ni tampoco los procesos de paz anteriores, ni el actual en Colombia, han logrado evitar que nuevas violencias organizadas se conformen. Esto fue claro en grupos que se conformaron después de procesos de desmovilización o sometimiento, como el Clan del Golfo o AGC”.

 



Según el reporte de “Pares”, entre el 7 de agosto —fecha de la posesión de Petro— y el 27 de octubre ocurrieron 32 masacres, mientras que el Ministerio de Defensa apenas llevaba 25 en su cuenta. En agosto ocurrió el pico de masacres más altas de este periodo: 16 casos.

Los departamentos con más casos fueron Cauca y (cuatro casos), Bolívar Bogotá (tres casos respectivamente). En total, hubo masacres en 14 de los 32 departamentos del territorio nacional y las zonas más vulnerables fueron las de costa y frontera.

Además, el número de casos y víctimas de masacres y desplazamientos forzados también va en aumento. En el caso de los confinamientos forzados, el número disminuyó a nivel nacional pero está concentrado —y en aumento— en tres departamentos, principalmente en regiones habitadas por poblaciones indígenas y


afrocolombianas.

Para “Pares”, la situación de violencia en estos primeros meses de Petro no habría cambiado mucho en los territorios. En general, señaló el informe, “ninguna de las experiencias previas de sometimiento a la justicia, ni tampoco los procesos de paz anteriores, ni el actual en Colombia, han logrado evitar que nuevas violencias organizadas se conformen. Esto fue claro en grupos que se conformaron después de procesos de desmovilización o sometimiento, como el Clan del Golfo o AGC”.

 

lunes, 24 de enero de 2022

LOS GALLOS FINOS DE PELEA; UNA PASIÓN SUPERADA


Por Rodrigo Rieder

No sé cuántos años han pasado, no sé en qué momento se me fue acabando la juventud; solo sé que la altura de los pies en cada paso que están los zapatos más cerca del suelo y los tropiezos son más continuos; la torpeza en las manos se encuadernan en los olvidos de donde dejo las cosa que utilizo y que el chorro de la orina no tiene la presión suficiente para ahuecar la tierra como en mis años mozos; soy un hombre maduro

Mi padre me enseñó la afición por los gallos, a mis cinco años de edad me llevó a la gallera que




teníamos diagonal a la casa donde residíamos en la carrera 17 detrás del mercado público viejo de Codazzi.

Una vez un famoso plumífero de propiedad de Adulfo Cuello perdió una riña en la cual demostró su casta pero recibió mortales heridas que un gallero de apellido Reales, trabajó duro para salvarle la vida; papá estaba cerca, había perdido la apuesta que junto a su amigo y compadre dueño del gallo, habían asumido entre los dos.

-Que gallo tan bueno compadre, quiero llevarlo a casa para que se recupere y lograrle unos hijos.

-lléveselo  compadre- respondió Adulfo.

Me entregaron al moribundo animal y salí corriendo a llevarlo a casa después de escuchar las recomendaciones del gallero; “guárdalo en una caja oscura para que recupere la vista y solo dale de comer guineo maduro” eso me dijo el gallero después de entregarme una capsula de Ambrasinto  (antibiótico), pastilla ya descontinuada.

Ese animalito se recuperó, no volvió a las galleras había ganado 25 de su 26 peleas realizadas, me convertí en su fan y lo cuidé hasta que papá repartió todos sus hijos después de que muriera atrapado en una troza de madera apilada en el patio

Pasaron los años y con los ires y venires de la vida, asistiendo de vez en cuando a las galleras, se me dio por tener mis propios gallos. Oficiaba como Inspector general de transportes y tránsito de Codazzi cuando Armando Ibarra Ávila me regaló un  pollo fino de unos seis meses de color mono y con corte de gallo español, ya había criado un par de pollos que me dio Carlos Toro Rodríguez de la cría de Ventura Aguilera y como no tenía nada que más hacer, estos dos animales recibieron una alimentación que más tarde serviría para adquirir fama como animales de resistencia y fuerza durante las peleas.

En esos tiempos “Chale” Berrio, también joven como yo en esos tiempos traía a casa un pollo de 7 meses al cual llamaba “Mundocielo” y en el patio echábamos a pelear los animales embotados con tiras de tela en sus espuelas y los dejábamos pelear hasta el cansancio.

Los tres gallos, es decir los dos míos y el de él fueron famosos, él se hizo gallero de profesión y yo seguí por la vida enfrentando a puro hachazos la vida hasta que me hice profesional en Unisabana tras los acuerdos del Presidente López con la entidad para profesionalizar en tres años que estuve en Bogotá y lograr mi tarjeta profesional de periodista.

Cualquier día estaba visitando a mi compadre Efraín Gonzales Cartagena, padrino de Efer mi hijo, cuando Julio Herrera me escuchó hablar de gallos con Alfonso Daza (Pilatos) y me dijo: -¿quiere unos pollos?

A mi afirmativa respuesta; salió y dejé de verlo. Él tenía un aserradero de madera por Verdecia y Minguillo que en esos tiempos pertenecían al municipio de Codazzi y veía pasar a mi papá quien también estaba en el negocio de la madera en la localidad de San Diego.

Cinco cajas entre cartón y madera encontré en una madrugada en la terraza de mi vivienda; me había despertado por una algarabía de gallos cantando en las afueras de la casa y al abrir la puerta; ahí estaban; cinco animales debidamente encerrados en los provisionales guacales.

-“De quien serán estos animales”- me pregunté y los llevé al patio para darles comida-

Como mi plato preferido es la yuca con queso rallado y café con leche terciado pasadito de dulce, terminé mi porción cuando un camión con frenos de aire sonoro: pissió en la puerta y ahí estaba Julio como conductor; salí en franelilla a la calle y me gritó: “-Ahí le traje esos cinco para que se divierta y gane plata”.

Di las gracias y Julio se fue hasta que lo volvía a ver once meses después reclamando por un accidente de tránsito que había sido levantado por la oficina donde yo era jefe y al no poder ayudarlo dejó de háblame para toda la vida.

Esos cinco gallos eran hermanos; dos blancos, uno mono, un negro y el preferido: cenizo-morado.

La semana siguiente hice los guacales, Armando me regaló otro pollo y Carlos José Daza me hizo llegar un hermoso Camagüey,  completé siete y comenzaron mis visitas a los cuidanderos de la época: Milciades, Ochoa, Neftalí  Holguin, Chale Berrio y Héctor su hermano, Reales y Capo.

Aprendía descrestar, corretear a los animales, a motilarlos, alimentarlos, curarlos pero nuca calcé porque el tiempo no me alcanzó pues la dureza de la vida me obligó a dejar la afición, venirme a Valledupar y comenzar una nueva vida.

HERRERITA: MI GALLO HEROE


De los cinco gallos que trajo a mi puerta Julio Herrera, regalé uno que hiso la pelea más larga y buena que en esa época jamás había visto. Alberto Moreno, un director de Cenalgodón se enamoró de ese blanco y terco gallo y no se lo pude quitar del sobaco.

El otro blanco de mayor estatura lo peleé cinco veces y Carlos José me lo pidió y chao, se fue.

El negro ganó una riña en Becerril y a la segunda un gallo de Chale Berrio le dio una mortal morcillera, luego murió en mis manos: el mono me lo arrebató en medio de una emoción Armando Ibarra y; como le decía que no si era mi protector en las galleras.

A Herrerita, el morado-cenizo, nunca lo dejé tocar, solo el calzador lo hacía cuando le armaba las espuelas especiales y medio corta que se habían destina para el exclusivamente. Era un gallo súper rápido, hizo 16 peleas y perdió las dos últimas; nunca le pude recuperar el físico y la versatilidad que perdió en su antepenúltima riña, donde a pesar de haber quedado mal herido ganó,

Herrerita fue su nombre en honor a quien me lo había regalado. Tobías Hinojoza, Alfonso Ávila, Carlos José Daza, Pilatos Napo y otros amigos cercanos siempre ponían el dinero para respaldar las apuestas en las listas; ese gallo contaba con la correspondiente confianza de todo el grupo de aficionados a los gallos que en esos tiempos estábamos en Codazzi.

Cuando salíamos a otras poblaciones a pelear nuestros animales; Herrerita nos sacaba de la tristeza; parecía una tromba, tiraba espuelazos afianzado y picando la cabeza de su contendor, pero la pluma del pecho de su contendor era la parte preferida, una vez alcanzó a tomar por los dedos de las patas a su contendor y al acometerlo, espueleó los músculos que no volvieron a sostener a su rival, otra vez clavó la espuela inquiera dejando el pellejo del pescuezo clavado en la valla de madera; salía picando debajo del ala de los otros gallos y nunca sus peleas llegaron al final del tiempo; solo las dos últimas.

LA GRAN RIÑA Y COMO PERDIÓ LA VIDA

Un gallero de apellido Ochoa, (debe haber muerto) muy “salado” para los gallos; así era su fama; me abordó un mañana de cualquier domingo, casi no habían gallos, estábamos en tiempo de cambio de pluma pero yo había llevado a “Herrerita que hacia 15 días había reñido dos veces en esa  jornada, me dijo; hoy se acaba tu “Herrerita; fuimos a la báscula y fuero 3,2 por mí y 3,4 el peso de su gallo chino patas verdes.

No hubo problemas para recoger el dinero de la apuesta; Chale Berrio calzó a los rivales y puso unas espuelas muy largas; a nuestro gallo le improvisaron unas espuelas porque las de él se había puesto romas y fuimos a la valla.

Herrerita comenzó como un ciclón hasta que lo detuvo un pequeño tiro de pulmón y bajó el ritmo de pelea, era tanto su fuerza al patear que se escuchaba el golpe en toda la gallera de Los Manguitos en el barrio Las Delicias de Codazzi. Tiró y tiró hasta que venció, pero cuando eliminó a su contendor y después de haber sido declarado ganador comenzó a vomitar sangre; no me dejaron tocarlo, hasta el mismo Chale Berrio vino a chupar con la boca el pescuezo de Herrerita hasta que todo volvió a la calma.

Pasaron cinco meses y Herrerita se recuperó junto a 8 gallinas en una fina de “El Mocho”, gran amigo mío.

Fui a verlo y ahí estaba, parece que me hubiese conocido; comenzó a cantar sobre una piedra, no opuso resistencia cuando lo tomé en mis manos; esa vez lo motilé con golilla, su piel volvió a tornarse roja y las plumas brillantes con cambio apenas perceptibles en su colores; era un gallo diferente.

Guardé silencio sobre su presencia en la gallera de La Paz, el grupo había llevado unos 10 animales, cinco fueron ganadores; en la noche salió rival para Herrerita y se cumplieron los protocolos: Herrerita no alcanzó a pelear, cuando {él y su contendor se hicieron una bola de plumas en el centro de la valla, él llevó la peor parte, un espuelazo había penetrado hasta su corazón y lo dejó sin posibilidades.

No me permití llorarlo; Carlos José Daza me ponía la mano en la espalda y regresé a Codazzi en una camioneta gris de Pilatos y al entrar a Codazzi le dije; -“Me retiro de los gallos”, hasta el sol de hoy. No he ido nunca más a una gallera.

 

domingo, 16 de enero de 2022

EN CODAZZI TAMBIEN HAY ESTRELLAS Y PERSONAJES

#roridu2000


*Rosa Arias Mendoza, la reina de las mochilas

Poe Rodrigo Rieder

 Hay personajes que marcan historia en ciudades, países, departamentos, municipios regiones y poblaciones. Ayer me escribió por correo electrónico un lector que no conozco personalmente desde Suiza, se refirió a los escritos que publico periódicamente en las redes sociales; estaba fascinado y me sugirió el traslado a una ciudad prospera donde abundara el arte, la literatura y la musicalidad.

Agradecí sus piropos y halagos en una repuesta macondiana que adelante publicaré. Entre la sugerencia me hablo sobre la modernidad como tema que yo podría abordar y tener éxito con base en la facilidad que, según él, tengo para retratar con letras la vida, los paisajes, la música y la naturaleza; he guardado silencio hasta hora.

Según Pierre Spink, así se llama el lector; obtendría un éxito mundial si esbozara temas, personajes, lugares y cosas famosas de ciudades como Berna, Zúrich, París Londres y demás. He pensado mucho en ello y ya estoy frente al teclado.

Esa tarde llegué cansado y me recosté en una butaca de varias tablitas pintadas en vivos colores, Efer y Abdu dos de mis hijos trataban de zafar los cordones de mis zapatos ante una soledad que dejaba escuchar el silencio en el barrio Dongón de Valledupar. Deseaban que les diera un maletín para llevar los libros a las clases de bachillerato que recibían en el Colegio Loperena.

En la soledad compartida entre los tres, miramos un par de mochilas que estaban sobre un tabique rosado construido con madeflex y con las miradas interpretaron mi señalamiento. A la mañana siguiente salieron con las mochilas terciadas sobre sus hombros orgullosos por ser elementos tejidos por kankuamos en Atánquez, corregimiento de Valledupar.

Hacía unos días había ido a Codazzi, mi tierra; esa tarde estaba visitando a un inolvidable profesor de la primaria; Emel Marshal Durán; quien en ese momento residía en al sector de Los Laureles; de pronto una fina figura de mujer entró sigilosamente por el patio y cerró el portón con una delicadeza similar a la finura con que posaba los pies sobre el suelo.

Su caminar daba la apariencia de que a cada paso acariciaba el piso y una angelical sonrisa repartía a los que la recibimos; se descalzó del hombro una mochila con dibujos que parecían figuras romanas y me la ofreció en venta. Nos entretuvimos degustando un café y repasando la veintena de mochilas que la señora Rosa Arias pasaba de sus suaves manos y con voz melodiosa y suave pronunciaba mi nombre recortado “Guigo esta es hermosa”, le recibí una y otra hasta que elegí dos.

Rosa Aria había llegado años atrás a Codazzi desde Atánquez, traída por un hermano llegó con sus hijos y se estableció por el sector de los Laureles y siempre fue símbolo de amor y gratitud con sus familiares y amigos; conocía Ton, Rita. El Chiche y la Nena (Carmen Elena), ella siempre hizo las arepas asadas mas suaves que he conocido y sus sancochos tenían un tinte que nunca he logrado como cocinero de sopas.

Esos tiempos eran hermosos en Codazzi con su bonanza algodonera con comerciantes de buenas mercancías como Ernesto Scarpetta y su Almacén Gales, Arturo Rueda Iguera y su “Buen Gusto” Rodolfo Gutiérrez y sus “Muebles Amanda” Yudex Rixcala y su Almacén Central, o “Las Quince Letras de Lucho Argote o La Yunde.

Por esos lugares no se hacia extraño encontrarla; doña Rosa era una mujer de respeto, buena y trabajadora. Guardaba silencio cuando alguien hablaba y no interrumpía, el fino pelo lacio caía juiciosamente sobre su espalda en una cola larga y recostada, las palabras de su boca salían con mucho cuidado como si quisiera acariciar el viento y la dulce sonrisa que se dibujaba en el rostro, se parecía a la sonrisa de la Divina Pastora.

Una tarde tuve un accidente conduciendo una renoleta de Pachin Escalona y llegué a su patio para guardarla mientras conseguía a Goyo el latonero; llegó doña Rosa y se sentó a mi lado, reparaba mi cuerpo de pies a cabeza tratando de encontrar algún rasguño en mi cuerpo, la camisa estaba rota en una manga, entonces me trajo una franela y me la dio para entrar a coser la avería, luego me entregó una bebida de valeriana para los nervios y me consoló ante la momentánea, aparente y leve desgracia que había producido; de ahí salí fortalecido.

Como no voy a escribir sobre mis personajes?. A ellos los escogen mi corazón, mis sentimientos, la vida y los recuerdos gratos que llegan entre la brisa y se mantienen en el tiempo circulando por la mente.

Pierre Spink, mi amigo virtual suizo tiene razón, si escribiera sobre la torre de Pisa, el Ródano o el Rin; estos ríos para mi no tendrían para mí el contenido real, romántico, melancolico y macondiano que tienen el Magiriaimo o el río Guatapurí.

Bueno, dejé eso ahí y me puse a recordar personajes de mi tierra en aquellos tiempos de motas blancas, comisariatos, trochas enfangadas, avionetas fumigadora volando desde temprano sobre el pueblo con el ruido fuerte de sus motores; o los mecánicos como Rafael Ayazo, Azael Bedoya, Pedro Otalora; igual recordé a Hernán Charrys y su Ferretería Chasán, a Lucho Martínez atendiendo con Nino Gutiérrez en Eternit, a Marcos  y sus licuadoras batiendo el delicio Milo que igual hacía Pedro López cerca al puente de Los Varados. Lugares y sitios como los que habían en la palizada, Vedecia, Llerasca, Casacará o la Serranía de Perijá; ahhh mi Codazzi. Todo eso lo trajo a mi mente, esa viejecita hermosa que recuerdo con profundo amor llamada Rosa Arias (Q: E:P:D😊.

 

 

 

 

 

  

EN MENOR TIEMPO NO TENDREMOS AGUA #roridu2000

 

#roridu2000



Por Rodrigo Rieder Durán

-Este escrito solo se refiere a una parte del departamento del Cesar, pero todo el continente está igual…

Mucho se habla sobre ecología, pero nada se hace, con los ríos se especula y con nostalgia se recuerdan los cauces que en tiempos pasados fueron caudalosos, tenían bañaderos muy bonitos y estaban repletos de peces.

En Codazzi el Magiriaimo ha sido maltratado y nadie dice ahora nada; igual la Buturama en Aguachica, El Maracas en Becerril, el Tucuy en la Jagua de Ibirico o la Mula en Chiriguaná.

Todos esos cauces están agotados. Pero nos duele mucho los ríos Cesar y Guatapurí, este último lo favorece que tiene un recorrido bien corto, pero el río Cesar debe darnos pena.

Habito muy cerca al cauce, el agua es achocolatada y Enel mes de febrero a principios de marzo, s puede cruzar a pie, no hay peces ni siquiera cuando crece un poco,

Los nativos todavía desean pescar acá pero el aburrimiento y el esfuerzo ni siquiera les hace reconocer que ellos mismos han acabado con ese cauce que genera el nombre de nuestro departamento- Los volteos areneros excavan sin comparación y con afán el lecho ante el beneplácito inclusive de sus Consejos comunitarios en Guacoche, Guacochito Corpoguajira y Corpocesar.

PORQUE LLEGA A MI MENTE ESTA REFLEXION

Esa tarde en sol como siempre estaba canicular, caminé por un sendero lleno de huecos dejados por las volquetas que salen cargadas de arena del lecho del rio Cesar, unas pilas de basura estaban en unos potreros que dejaban ver su resequedad, unas garzas volaban con pereza y varios carraos deban sus gritos de hambre ante lo desolado de la rivera.

En medio de lo que con abundante agua podría ser un recodo lleno de remolinos, ahora era una curva reseca con verdín donde sobresalían unas ramas secas donde estaba parado un gallito de ciénaga mirando la maloliente agua caliente dende parecía un estanque olvidado, pues no se veía correr, parecía como si el rio Cesar se había detenido.

Un portón de madera señalaba la propiedad privada y unos barrancos d tierra seca entorpecían la bajada a pie hacia el cauce. Al otro lado está el departamento de la Guajira; Guacochito es uno de los corregimientos de Valledupar en el Cesar que colinda con esa importante región del país, me fui hacia delante y entre breñales me abrí paso y llegué a la orilla mirando con detenimiento lo que parecía una mala sopa, no tan solo por lo caliente; igual el olor desagradable daba la sensación de un mal cocido realizado con carne podrida.

Me senté en el suelo aguantando el mal momento y sitio, el sol estaba ardiente y me puso a pensar en mis bañadas en el pozo “Siderio” en el Magiriaimo de Codazzi o, en el otro pozo en Medellín a pocos metros de San Ramón en mi propia tierra; allá tampoco el panorama está sin esperanza, han o están acabando con ese cause; me da dolor el Magiriaimo.

Hice rayitas en el suelo mientras un gallinazo sobrevolaba buscando que comer o engañado por el hedor del espejo de agua y, volví a conectar la mente con los cauces; me acordé de “La Mula” en Chiriguaná.  Allí tuve una experiencia dolorosa, esa vez había un cadáver de perro flotando en la superficie en un lugar arriba donde se hacía toma de agua para beber. El cauce seco ya no mostraba los pececitos de colas color naranja que en tiempos pasados se dejaban ver desde la orilla.

Estaba sudando y las gotas salían de mi frente a chorritos que luego comparé con el poco volumen de agua de la quebrada “Buturama” en Aguachica; “si acá llueve, por allá no escampa” y, así sucesivamente; creo que no llegaré a ver eso, pero nuestra región pronto estará sin agua.

Al regresar detecté a un grupo de jóvenes asusando  a una jauría de perros criollos sobre unas iguanas que subían a un árbol (campano) con desespero, uno de ellos trepó arriba para mover las ramas y atrapar así al pequeño saurio; puf cayó y enseguida los perros la cogieron con furia, entonces entra uno de los muchachos corriendo a quitarle la presa a los perros.

Debí guardar silencio para no alarmar a los jóvenes que gritando de alegría echaron en un costal, la iguana recién atrapada y que en unas horas estaría en los platos de sus comidas, me atacó una real tristeza que llegué a prometerme no salir nuevamente a mirar la maltratada naturaleza que siempre he amado.

Miré el cielo y me dije; “El Señor me ha dado la tierra para que pudiese disfrutar de lo hermoso de la flora y la fauna. Es momento de saber valorar lo que tenemos, el deber de cuidarla al detalle para que permanezca con el tiempo y también sea un lujo para nuestros descendientes”.

 

¿Pero que puedo hacer Dios mío?

 

¿Si alguien puede ayudarme a hacer algo, por favor escríbame a;

                                                                              roridu2000@gmail.com     Correo  e-mail

                                                                                     roridu2022@yahoo.com    Correo  e-mail

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