“PERRAFLACA” ¿AMIGO DONDE ESTÁS?
Por Rodrigo Rieder
Después de haber escrito una croniquilla sobre Guillermo
Arrieta “Perraflaca” bajé a almorzar y luego me dedique ha restablecer el
cuerpo y la mente con la cotidiana siesta que es más agradable y tranquila
cuando se trata de un lunes festivo; al despertar de ella tomé el celular para
conocer quienes habían leído el escrito y algunos amigos lectores me dieron a
entender que ya Guille había muerto.
Soy tan “pendejo” que me encerré a llorar a mi amigo de
siempre en medio de la soledad del baño para que Cecilia no me escuchara.
Repasé otros instantes de la vida de
juventud estando paralelamente en Codazzi con “Perraflaca” activo y se me vino
la nostalgia revuelta con lágrimas y moco a la nariz que parecía que ese amigo
fuese un familiar más cercano de lo que me indicaba el cerebro y que prefería
el corazón.
En la taza con las manos puestas sobre la cara, limpié esas
que llamo “telarañas del alma” que desaparecen con las lágrimas y volví a abrir
el celular y encontré un avisito de agradecimiento que me decía: “Guille
enfermó hace varios años, le dio una embolia de la cual le quedaron muchas
secuelas, pero aún está vivo”, me volvió el espíritu que sentía
lejano del cuerpo.
Roció Esther Bolaños Sandoval, hija de mi amigo acordeonero
Héctor Bolaños y Esperanza, me informaba esa brillante noticia que para mí se
sentía con alivio, pues había escrito para el amigo vivo y no para el muerto.
PERRAFLACA
Una vez me vendió una moto azul Yamaha, venezolana, con
encendido electrónico de las que no habían llegado a Codazzi en esos tiempos en
que yo estaba al frente del Estadero Oaxaca, un hermoso establecimiento para
esa época de oro del pueblo.
Recuerdo que estaba con su máscara de soldar puesta soldando
unas parrillas de hierro para unas trampas y sin alzar la cara tras el ruido
del motor, me grito: -que desear Rieder- me
acomodé en un sofá sucio que estaba cerca al lugar que hacía de oficina y sin
hablar me serví un tinto desde un termo que había en una alacena, ese sonido
del motor lo había escuchado tanto en la
niñez que ya me molestaba al oído.
Luego vino con los brazos mojados y sacudiéndolos hasta
llegar a un trapo con el cual empezó a secarse;
“-Guille, quiero soldar la base de un compresor que tengo en el
estadero, con el cual lleno una botella que me sirve para alimentar el arranque
con que prendo un Blacksote-Lister que uso de emergencia en el negocio-“
-Voy en la tarde- respondió. Salí como si nada y fui al mercado, estaba
muy de mañana y ya la algarabía de la gente se sentía en el ambiente pueblerino
desfilando hacia el lugar donde se conseguía toda clase de comida cruda: el
mercado público.
El fluido eléctrico había escapado de la población desde las
tres de la tarde un rato largo después
de mi visita al taller de “Perraflaca” cuando de pronto estando en la cocina
sentí el ruido de la motocicleta, era él, traía prendido un pequeño motorcito
detrás del vehículo y pasó por el portoncito auxiliar hasta la caseta donde
estaba la planta eléctrica. Le mostré lo que había que hacer y para no volver a
escuchar el fastidioso ruido me fui a mirar unas goteras en el techo del
establecimiento.
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| Guillermo Arrieta, mi amigo "Perraflaca" Hoy 18 de noviembre de 2018 |
Al cabo de una hora, me dijo ya está, prendimos, cargamos de
aire el compresor y arrancamos la gran mole productora de energía; se alumbro
todo el Estadero Oaxaca. Tomamos cerveza, comimos pescado a la plancha,
cantamos rancheras, nos quitamos los zapatos en el patio y pisamos la grama por
detrás de unos kioscos que había construido Lupe, la esposa de Napoleón Ávila,
dueña del establecimiento.
La había contado que necesitaba un vehículo para ir al
mercado todas las mañanas y me contestó: “-te dejo la moto-“; se fue
como a la una de la madrugada en un taxi y yo en la mañana siguiente salí en mi
moto rumbo al mercado a las 5AM en medio
de un guayabo crudo; pasé de regreso por el taller y le pregunté si lo de la
moto iba en serio y me dijo: “-vale siete mil pesos-“ me los pagas cuando puedas.
Otra vez, estábamos en una fiesta y un contemporáneo al cual
voy a obviar el nombre, en medio de un
baile donde mi comadre Gloria Ávila, discutía con mi hermano Rodolfo y
“Perraflaca” se puso de pie ante mi negativa a pelear a trompadas para defender
a Rodolfo y le dijo al supuesto
contendor: “-bueno acá está uno más chiquito
que tu pero que si pelea, lo que es con él es conmigo”-; se
hicieron tres pasones de agresión en plena calle cerca a la casa de Esperanza
Sandoval y la fiesta siguió.
Hoy acordándome de él, Guille no sé si esté muerto o vivo
pero si está vivito y coleando, él es un hombre menudo, bajito, de sonrisa
permanente, caminar rápido, fuerte, pelo negro y corazón grande como el de
Uribe.
Si fue verdad que murió agradezco a mis paisanos que me lo
confirmen, me envíen una gráfica porque tras investigar escribiré sobre él.
“Perraflaca” marcó una historia de bonanza en Codazzi, fue un hombre honrado,
trabajador, siempre pagó sus deudas, se formó allí con Pedro Royero y su
bandada de perras que motivaron el nombre a Guille y a su maestro. Le gustaban
las mujeres y siempre en los bailes o fiestas
decía que prefería a las feas porque con ellas estaba seguro de que no se las
iban a quitar.
Una vez estábamos en una fiesta con los Borcias, Chipilin
Ocampo, Peñaranda y José Elias Acosta; estando en la puerta con la indecisión
de entrar o no entrar dijo: “-Muchachos escojan pareja y déjenme a mí la más feíta
que yo así me siento cómodo”-. No bailó
en toda la noche pero de ahí salió para su apartamento acompañado.
En el camino de regreso a la vivienda sentí ladrar los
perros callejeros, luego cantó un gallo basto anunciando el amanecer, toqué la
puerta y salió mi madre bella a recibirme con una sonrisa.


