En esta finalización del mes de junio Cecilia y yo
escogimos visitar una hermosa región en el departamento de Córdoba tras la invitación
de amigos especiales en El Sabanal, poblado del que adelante haré referencia en
sus especialidades y acogimiento.
San Pelayo es un municipio del departamento de Córdoba (Colombia) ubicado entre pintorescos pueblos de una zona donde la
limpieza del alma es la principal característica. Allí se celebra el Festival
nacional del Porro. Su población es de
33.875 habitantes. Fue fundado el 6 de mayo de 1772 por Antonio De la Torre y Miranda.
Nuestra familia anfitriona compuesta en
su raíz por la matrona Cecilia Porto García y el mejor grupo filial que hoy
tenemos: Ofelia, Leonardo, Diana, Margy, Socorro y Leo Junior nos acogió como
siempre en el Sabanal, en donde montamos nuestro centro de operaciones para
disfrutar y gozar el evento y todos sus derivados de la alegría y la
musicalidad que de él se deriva.
San
Pelayo es la sede permanente del Festival Nacional del Porro que se celebra anualmente entre el 29 de junio y el 3
de julio desde 1977, desde cuando se conocía como el "Festival del Porro
Pelayero", con motivo de festejar los dos siglos de la fundación del
municipio; desde entonces se inició como el proclamado himno del festival: el
porro María Varilla.
Las
bandas de diferentes poblaciones e igual que delegaciones de comparsas. Tamboras
y grupos artísticos llegan a San Pelayo a mostrarse, a concursar y a ser
admirados por las condiciones artísticas musicales que poseen y exponen ante
una numerosa concurrencia de amantes del género musical, que conocen los mínimos
detalles de las interpretaciones que se hacen
en el entarimado, los desfiles y las fiestas que se hacen en toda la
población que se adormece y goza con el hermoso ritmo musical que se lleva a exposición,
acompañado de cumbias, fandangos, mapepalés y vallenato y, como dato curioso,
el tercer día del festival las bandas van al cementerio y le brindan homenaje a
los músicos desaparecidos.
Como nos
fue
Hermoso
certamen que llega al alma, para entenderlo hay que meterse en él, saber que es
un porro tapao, aprender a diferenciar lo orquestado de lo autóctono, saber
diferenciar los solos y destacados musicales de un clarinete, saxofón,
redoblante o trompeta y bailar bailar y bailar.
Lo
asombroso de los contenidos está en la gente, los lugareños de la región y
especialmente las mujeres viven con pasión y cadencia esta música que se mete
en las venas del ser y causa fuertes emociones en el interior del alma; hace
sudar y hace amar, causa movimientos y crea pasión. Ese fue el Festival del
Porro que vivimos Cecilia y yo dentro de
unos amigos que sienten su tierra, aman su folclor y conocen para qué sirve la
amistad y el amor entre los humanos.
Las dos
incursiones que hicimos, nos dieron la oportunidad de gozar al lado de este
grupo de familia excepcional que hoy nos llena de orgullo mantenerla entre
nuestro criterio, como los mejores seres que anidan en nuestro corazón; que
hermosura de familia, enclavada en una preciosa región y enraizada para siempre
en nuestros sentimientos: Dios los bendiga
