domingo, 18 de noviembre de 2018

“PERRAFLACA” ¿AMIGO DONDE ESTÁS?
“PERRAFLACA” ¿AMIGO DONDE ESTÁS?
Por Rodrigo Rieder
Después de haber escrito una croniquilla sobre Guillermo Arrieta “Perraflaca” bajé a almorzar y luego me dedique ha restablecer el cuerpo y la mente con la cotidiana siesta que es más agradable y tranquila cuando se trata de un lunes festivo; al despertar de ella tomé el celular para conocer quienes habían leído el escrito y algunos amigos lectores me dieron a entender que ya Guille había muerto.
Soy tan “pendejo” que me encerré a llorar a mi amigo de siempre en medio de la soledad del baño para que Cecilia no me escuchara. Repasé otros instantes de  la vida de juventud estando paralelamente en Codazzi con “Perraflaca” activo y se me vino la nostalgia revuelta con lágrimas y moco a la nariz que parecía que ese amigo fuese un familiar más cercano de lo que me indicaba el cerebro y que prefería el corazón.
En la taza con las manos puestas sobre la cara, limpié esas que llamo “telarañas del alma” que desaparecen con las lágrimas y volví a abrir el celular y encontré un avisito de agradecimiento que me decía: “Guille enfermó hace varios años, le dio una embolia de la cual le quedaron muchas secuelas, pero aún está vivo”, me volvió el espíritu que sentía lejano del cuerpo.


Roció Esther Bolaños Sandoval, hija de mi amigo acordeonero Héctor Bolaños y Esperanza, me informaba esa brillante noticia que para mí se sentía con alivio, pues había escrito para el amigo vivo y no para el muerto.
PERRAFLACA
Una vez me vendió una moto azul Yamaha, venezolana, con encendido electrónico de las que no habían llegado a Codazzi en esos tiempos en que yo estaba al frente del Estadero Oaxaca, un hermoso establecimiento para esa época de oro del pueblo.
Recuerdo que estaba con su máscara de soldar puesta soldando unas parrillas de hierro para unas trampas y sin alzar la cara tras el ruido del motor, me grito: -que desear Rieder- me acomodé en un sofá sucio que estaba cerca al lugar que hacía de oficina y sin hablar me serví un tinto desde un termo que había en una alacena, ese sonido del motor lo había escuchado tanto en  la niñez que ya me molestaba al oído.
Luego vino con los brazos mojados y sacudiéndolos hasta llegar a un trapo con el cual empezó a secarse;  “-Guille, quiero soldar la base de un compresor que tengo en el estadero, con el cual lleno una botella que me sirve para alimentar el arranque con que prendo un Blacksote-Lister que uso de emergencia en el negocio-“
-Voy en la tarde- respondió.  Salí como si nada y fui al mercado, estaba muy de mañana y ya la algarabía de la gente se sentía en el ambiente pueblerino desfilando hacia el lugar donde se conseguía toda clase de comida cruda: el mercado público.
El fluido eléctrico había escapado de la población desde las tres de la tarde  un rato largo después de mi visita al taller de “Perraflaca” cuando de pronto estando en la cocina sentí el ruido de la motocicleta, era él, traía prendido un pequeño motorcito detrás del vehículo y pasó por el portoncito auxiliar hasta la caseta donde estaba la planta eléctrica. Le mostré lo que había que hacer y para no volver a escuchar el fastidioso ruido me fui a mirar unas goteras en el techo del establecimiento.
Guillermo Arrieta, mi amigo "Perraflaca"
Hoy 18 de noviembre de 2018
Al cabo de una hora, me dijo ya está, prendimos, cargamos de aire el compresor y arrancamos la gran mole productora de energía; se alumbro todo el Estadero Oaxaca. Tomamos cerveza, comimos pescado a la plancha, cantamos rancheras, nos quitamos los zapatos en el patio y pisamos la grama por detrás de unos kioscos que había construido Lupe, la esposa de Napoleón Ávila, dueña del establecimiento.
La había contado que necesitaba un vehículo para ir al mercado todas las mañanas y me contestó: “-te dejo la moto-“; se fue como a la una de la madrugada en un taxi y yo en la mañana siguiente salí en mi moto rumbo al mercado  a las 5AM en medio de un guayabo crudo; pasé de regreso por el taller y le pregunté si lo de la moto iba en serio y me dijo: “-vale siete mil pesos-“  me los pagas cuando puedas.
Otra vez, estábamos en una fiesta y un contemporáneo al cual voy a obviar el nombre,  en medio de un baile donde mi comadre Gloria Ávila, discutía con mi hermano Rodolfo y “Perraflaca” se puso de pie ante mi negativa a pelear a trompadas para defender a Rodolfo y le dijo  al supuesto contendor: “-bueno acá está uno más chiquito  que tu pero que si pelea, lo que es con él es conmigo”-; se hicieron tres pasones de agresión en plena calle cerca a la casa de Esperanza Sandoval y la fiesta siguió.
Hoy acordándome de él, Guille no sé si esté muerto o vivo pero si está vivito y coleando, él es un hombre menudo, bajito, de sonrisa permanente, caminar rápido, fuerte, pelo negro y corazón grande como el de Uribe.
Si fue verdad que murió agradezco a mis paisanos que me lo confirmen, me envíen una gráfica porque tras investigar escribiré sobre él. “Perraflaca” marcó una historia de bonanza en Codazzi, fue un hombre honrado, trabajador, siempre pagó sus deudas, se formó allí con Pedro Royero y su bandada de perras que motivaron el nombre a Guille y a su maestro. Le gustaban las mujeres y siempre en los bailes  o fiestas decía que prefería a las feas porque con ellas estaba seguro de que no se las iban a quitar.
Una vez estábamos en una fiesta con los Borcias, Chipilin Ocampo, Peñaranda y José Elias Acosta; estando en la puerta con la indecisión de entrar o no entrar dijo: “-Muchachos escojan pareja y déjenme a mí la más feíta que yo así me siento cómodo”-.  No bailó en toda la noche pero de ahí salió para su apartamento acompañado.
En el camino de regreso a la vivienda sentí ladrar los perros callejeros, luego cantó un gallo basto anunciando el amanecer, toqué la puerta y salió mi madre bella a recibirme con una sonrisa.

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