lunes, 30 de junio de 2014

PORROS, FAMILIA, EL SABANAL Y AMISTAD


Hay cosas en la vida que muchas veces desconocemos y nos empeñamos en entregar criterios orales sobre las condiciones y acciones de un evento, formas de actuar, costumbres y demás comportamientos de países, regiones y pueblos que como a los cuales me referiré; tienen unas condiciones que nos hacen amar más la vida..
En esta finalización del mes de junio Cecilia y yo escogimos visitar una hermosa región en el departamento de Córdoba tras la invitación de amigos especiales en El Sabanal, poblado del que adelante haré referencia en sus especialidades y acogimiento.
San Pelayo es un municipio del departamento de Córdoba (Colombia) ubicado entre pintorescos pueblos de una zona donde la limpieza del alma es la principal característica. Allí se celebra el Festival nacional del Porro.  Su población es de 33.875 habitantes. Fue fundado el 6 de mayo de 1772 por Antonio De la Torre y Miranda.
Nuestra familia anfitriona compuesta en su raíz por la matrona Cecilia Porto García y el mejor grupo filial que hoy tenemos: Ofelia, Leonardo, Diana, Margy, Socorro y Leo Junior nos acogió como siempre en el Sabanal, en donde montamos nuestro centro de operaciones para disfrutar y gozar el evento y todos sus derivados de la alegría y la musicalidad que de él se deriva.
San Pelayo es la sede permanente del Festival Nacional del Porro que se celebra anualmente entre el 29 de junio y el 3 de julio desde 1977, desde cuando se conocía como el "Festival del Porro Pelayero", con motivo de festejar los dos siglos de la fundación del municipio; desde entonces se inició como el proclamado himno del festival: el porro María Varilla.
Las bandas de diferentes poblaciones e igual que delegaciones de comparsas. Tamboras y grupos artísticos llegan a San Pelayo a mostrarse, a concursar y a ser admirados por las condiciones artísticas musicales que poseen y exponen ante una numerosa concurrencia de amantes del género musical, que conocen los mínimos detalles de las interpretaciones que se hacen  en el entarimado, los desfiles y las fiestas que se hacen en toda la población que se adormece y goza con el hermoso ritmo musical que se lleva a exposición, acompañado de cumbias, fandangos, mapepalés y vallenato y, como dato curioso, el tercer día del festival las bandas van al cementerio y le brindan homenaje a los músicos desaparecidos.
Como nos fue
Hermoso certamen que llega al alma, para entenderlo hay que meterse en él, saber que es un porro tapao, aprender a diferenciar lo orquestado de lo autóctono, saber diferenciar los solos y destacados musicales de un clarinete, saxofón, redoblante o trompeta y bailar bailar y bailar.
Lo asombroso de los contenidos está en la gente, los lugareños de la región y especialmente las mujeres viven con pasión y cadencia esta música que se mete en las venas del ser y causa fuertes emociones en el interior del alma; hace sudar y hace amar, causa movimientos y crea pasión. Ese fue el Festival del Porro que vivimos  Cecilia y yo dentro de unos amigos que sienten su tierra, aman su folclor y conocen para qué sirve la amistad y el amor entre los humanos.
Las dos incursiones que hicimos, nos dieron la oportunidad de gozar al lado de este grupo de familia excepcional que hoy nos llena de orgullo mantenerla entre nuestro criterio, como los mejores seres que anidan en nuestro corazón; que hermosura de familia, enclavada en una preciosa región y enraizada para siempre en nuestros sentimientos: Dios los bendiga


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